martes, 26 de enero de 2016

26 de Enero de 2016 (2 años)



Para otros este día puede significar común, como cualquier otro. En cambio para los dos tiene un significado diferente, nos resulta importante, un peldaño más avanzado, una aproximación a nuestra meta: estar juntos.
Gracias a ti he aprendido mucho de mí.

He conocido que ante el amor uno se vuelve humilde. Comprendo lo importante pero más aun lo difícil que resulta pedir perdón. Experimentar la sensación de sentirse aliviado cuando llega y te sonríe aquella persona tan deseada, y de repente te brote la felicidad dejando atrás preocupaciones angustias y miedos, resulta tan genial. Y tu me brindas eso.

Eres capaz de  hacerme reír pero  sobre todo, tienes la capacidad para hacerme feliz.
No somos perfectos, tenemos muchos defectos, pero nuestro amor, el valor que le hemos dado, ha hecho que superemos cualquier circunstancia, aún por encima de nosotros mismos.

No ha sido fácil, ha sido más difícil, nos ha costado mucho esfuerzo construir lo que hemos logrado: amarnos con valor.
Dicen los sabios que los grandes logros rigurosamente tienen grandes caídas, y cada una de ellas, va fortaleciendo cada vez más nuestra relacion.

¿Cuántas veces hemos caído en problemas y malos entendidos?, ¿cuantas ocasiones nos hemos enojado?, ¿cada cuando hemos estado en desacuerdo?, muchas, demasiadas como para comprender que el fin único de todas las cosas es el perdón, aceptar tal como es a esa persona que, a pesar de cualquier cosa, te respeta, te admira y te ama y está ahí, justo a tu lado.

Gracias por formar parte de mi vida, ha sido una delicia conocerte (privilegio que quiero disfrutar por todo el tiempo que el destino me brinde), una última cosita: TE AMO

Te dedico esta Canción

Dicen que no, 
que en la vida no se busca el amor 
Dicen también 
que es mejor que llegue solo, 
cierto es 

porque yo te busque 
antes y fracase 
confundido hasta me 
enamore 
solo me lastime 
del amor desconfié 
y dude 
y hasta un juego lo pensé 

pero al fin te encontré 
o me encontraste tu 
o quizá fue el amor que al final se apiado 
pero al fin te encontré 
que de ti no dude 
se que me equivoque y fue en vano jurar amor 
en el pasado 
porque solo a ti te he amado 
Gracias por ser 
mi alegría, mi poesía, mi placer 
no importa el ayer 
tu presente y tu futuro quiero ser 
porque yo te busque 
antes y fracase 
confundido hasta me 
enamore 
solo me lastime 
del amor desconfié 
y dude 
y hasta un juego lo pensé 

pero al fin te encontré 
o me encontraste tu 
o quizá fue el amor que al final se apiado 
pero al fin te encontré 
que de ti no dude 
se que me equivoque y fue en vano jurar amor 
en el pasado y es que al fin te encontré 
al fin te encontré 

pero al fin te encontré 
o me encontraste tu 
o quizá fue el amor que al final se apiado 
pero al fin te encontré 
que de ti no dude 
se que me he equivocado 
y fue en vano jurar amor en el pasado 
porque solo a ti 
te he amado.

lunes, 7 de diciembre de 2015

Una experiencia de meditación en el aula


Trabajo como profesora en un instituto de Educación Secundaria. Como en cualquier otro ámbito, día a día, convivo con multitud de emociones desbocadas y desconocidas en la mayoría de los casos para los chicos y chicas. Cada jornada es una sorpresa, puede haber explosiones de rabia, reacciones incomprensibles que esconden miedo, vergüenza o desconcierto.
Los míos son alumnos y alumnas que han repetido curso y que andan con un pie y medio fuera del sistema educativo. Para nosotras, uno de los propósitos claros con este grupo es que puedan aprender a reconocer y expresar esa amalgama de emociones bloqueadas o disparadas que los hacen, muy frecuentemente, incapaces para otro tipo de tareas, incluso para relacionarse desde la amabilidad, el respeto o el apoyo mutuo. Con esta intención, entre diferentes actividades, técnicas y dinámicas, hemos probado con la meditación.
Las primeras veces costaba mucho que cerraran los ojos, aunque el silencio, sin embargo, no fue tan difícil. Fuimos sosteniéndolo con la tranquilidad de que quien no quisiera o pudiera mantener los ojos cerrados, no lo hiciera, pero sí los invitamos a que observaran eso mismo, qué les pasaba si cerraban los ojos. El objetivo, por encima de todo, era que respiraran y pusieran atención a qué les aparecía o cómo se sentían.
La opinión generalizada, al principio, fue que se ponían nerviosos, se les hacían muy largos los minutos, se dormían, se aburrían y se impacientaban, y también hubo quienes se relajaban. De vez en cuando lo hemos repetido, y poco a poco han ido entrando más, cerrando los ojos y manteniéndose ahí. Sinceramente, se crea un ambiente sosegado y se percibe una energía más grave de lo habitual, quizás sea el hecho de que todos estemos algo más presentes… No suelen querer compartir mucho después, si acaso alguna persona, pero no es general. Eso sí, hay ocasiones en que son ellos mismos quienes piden hacer relajación, y dedicamos unos minutos a ello todas las semanas.
A menudo he dudado, tengo que decirlo, de si estaba sirviendo o no la meditación, pero, al menos –pensaba– pueden desconectar de la actividad cognitiva incesante a la que están sometidos tantas horas seguidas durante toda la mañana, un día tras otro.
Hace unos días, me dice un alumno que quiere hablar conmigo. “¿De qué?”, le pregunto. “Te quiero hacer unas preguntas sobre la vida”, me contestó. Cuando tuve un hueco fui a buscarlo y nos sentamos a charlar. Me dice: “profe, que cuando hacemos la relajación esa de cerrar los ojos y respirar, yo me pongo mal, me agobio mucho... y no sé qué hacer”. “Mal cómo”, le digo, “explícame mejor”. “Pues que me vienen lágrimas a los ojos”. “Pues tal vez será que estás triste, entonces está muy bien que te salga ¿no?” “¿Y tú qué haces ahí?”, le planteo. “Pues lo paro, porque estoy en la clase y me da vergüenza. No me voy a poner a llorar ahí”. “Ya, claro, lo entiendo, pero es bueno que no cortes ese momento, que puedas sentir lo que te pasa y expresarlo, porque si no lo sacas…”, le contesto. “Lo sé”, me ataja. “Y lo he hecho en mi casa, me he puesto en mi habitación con los ojos cerrados y respirando… pero allí no funciona, solo me pasa cuando lo hacemos en la clase…”
Tiene catorce años. De ahí me ha hablado larga y detenidamente de la rabia que acumula y de que últimamente siente que no puede controlar. Hasta ahora se desfogaba en el gimnasio (hace boxeo), pero ahora ve que ya no es suficiente, que empieza a dominarlo y a cegarlo, me ha hablado de su madre y de su padre, especialmente de este último y ha visto cómo tiene sentimientos de odio, porque lo necesita mucho y no lo encuentra.
Me lo he imaginado en una casa con seis hermanos, los padres separados y en lucha, la habitación, el saco de boxeo, y él meditando para observar qué le pasaba y poder expresarse y dejar salir sus lágrimas. Me ha parecido tan conmovedor: que se emocione al meditar, que lo haya intentado en su casa solo, que le preocupe no conseguirlo, que se haya dado cuenta de que debajo de la tristeza hay rabia o viceversa, que le inquiete ser controlado por ella, que tenga claro de dónde le viene y por qué, que se haya atrevido a compartirlo... ¿No es para darle un abrazo? ¿No es para tener esperanza? Vaya, que tenía que contarlo. Que tiene catorce años. Y una pinta de “matoncillo” que puede asustar.

A veces nos preocupan los resultados, pero los tenemos delante y ni los vemos. Es el asunto de las semillas. Si pudiéramos verlas transformarse a través de la tierra todo sería distinto. Pero no es así. Y solo nos queda esperar.

domingo, 15 de noviembre de 2015

Doce Pasos para Comedores Compulsivos


Doce Pasos para Comedores Compulsivos
Bienvenido a Nuestro Grupo de
Comedores Compulsivos Anónimos


·         Alguna vez has deseado bajar cinco kilos, diez, veinte, cuarenta, cien o más? Alguna vez has deseado que una vez bajado esos kilos de peso no los volvieras a subir?
·         Bienvenido a CCA, Bienvenido a Casa!
·         Alguna vez has sentido que siempre estás fuera de lugar en este mundo, te has sentido alguna vez como huérfano sin hogar, que no tienes un lugar donde tú encajas realmente?
·         Bienvenido a CCA, Bienvenido a Casa!
·         Alguna vez te has despertado feliz en la mañana con el sólo pensamiento de que tu golosina preferida te está esperando en la alacena o en el refrigerador?
·         Bienvenido a CCA, Bienvenido a Casa!
·         Alguna vez has deseado esconderte en tu casa y no tener la necesidad de asearte o de vestirte, sin querer ver a nadie y deseando que nadie te vea?
·         Bienvenido a CCA, Bienvenido a Casa!
·         Alguna vez has escondido comida bajo la cama, bajo la almohada, en el cajón, en el baño, en el basurero, en la alacena, en el cesto de la ropa sucia, en el closet o en el coche, para poder después comértela sin que nadie te vea?
·         Bienvenido a CCA, Bienvenido a Casa!
·         Alguna vez te has sentido enojado, resentido, desafiante y rebelde con Dios, tu esposa, tu esposo, tu doctor, tu mamá, tu papá, tus amigos, tus hijos, el dependiente de la tienda que se quedó mirándote cuando te probaste esa ropa, porque ellos son delgados, porque quieren que tú seas delgado, y porque te forzaron a hacer dieta para darles gusto a ellos, para ponerles un tapabocas, o para vengarte de las palabras y miradas despectivas que te dirigieron?
·         Bienvenido a CCA, Bienvenido a Casa!
·         Alguna vez has llorado amargamente en la oscuridad, sintiéndote miserable porque nadie te ama y te comprende?
·         Bienvenido a CCA, Bienvenido a Casa!
·         Alguna vez te has mirado al espejo y has pensado que tú debes ser la persona más fea de todo el mundo?
·         Bienvenido a CCA, Bienvenido a Casa!
·         Alguna vez has sentido que Dios (si es que existe de verdad) cometió el error más grande cuando te creó a tí?
·         Bienvenido a CCA, Bienvenido a Casa!
·         Alguna vez has deseado subirte a un autobús e irte, irte, sin mirar hacia atrás? Lo has hecho alguna vez?
·         Bienvenido a CCA, Bienvenido a Casa!
·         Alguna vez has pensado que el mundo es una porquería y que estaríamos mejor si todos pensaran y actuaran como tú?
·         Bienvenido a CCA, Bienvenido a Casa!
·         Alguna vez has pensado que la gente de OA está medio zafada, que ellos son los que comen compulsivamente, pero tu sólo tienes un pequeño problema de peso que puedes solucionar comenzando desde mañana? Alguna vez has pensado que son ellos los que están en peligro de caer en la locura de comer compulsivamente mientras que tú solamente estás un poco (o mucho) sobrepasasdo de peso?
·         Bienvenido a CCA, Bienvenido a Casa!
·         Alguna vez te has mentido a tí mismo o a alguien acerca de los que comiste o cuánto comiste? Alguna vez le has mentido a tu madrina o padrino o a algún otro compañero de OA acerca de cómo estás llevando tu programa?
·         Bienvenido a CCA, Bienvenido a Casa!
·         Alguna vez has pensado que no es justo que algunas gentes puedan comer todo lo que quieran sin subir nunca de peso, mientras que tú solamente con el olor de la comida ya subiste cinco kilos?
·         Bienvenido a CCA, Bienvenido a Casa!
·         Te has puesto alguna vez una máscara o miles de máscaras, porque estabas seguro que si te mostrabas tal cual eres nadie te amaría o te aceptaría?
·         Bienvenido a CCA, Bienvenido a Casa!
·         No importa quién eres o de donde vienes o hacia donde vas, tu eres bienvenido y aceptado aquí. No importa lo que hayas hecho, no importa lo que hayas sentido o lo que no hayas sentido, no importa donde hayas dormido o con quien hayas dormido, no importa a quien hayas amado o a quién hayas odiado, nosotros te aceptamos. Nosotros te aceptamos como eres , y no como seas cuando te hayamos moldeado a como pensamos que deberías ser. Solo tú puedes decidir lo que deseas ser.
·         Bienvenido a CCA, Bienvenido a Casa!
·         Pero nosotros te ayudaremos a conseguir las metas que tú te propongas y cuando tengas éxito, nos alegraremos contigo y cuando caigas te diremos que no somos un fracaso sólo porque a veces fracasamos y te extenderemos nuestros brazos con amor y permaneceremos junto a tí mientras levantas y caminas de nuevo hacia tu destino. Ya nunca tendrás que llorar a solas otra vez, a menos que así escojas hacerlo. Algunas veces fallaremos y quizás no encuentres en nosotros todo lo que buscas, algunas veces no estaremos a tu lado cuando necesites, ni te podremos dar todo lo que necesites, acepta nuestras imperfecciones tú tambien y ámanos y acéptanos tú también a nosostros, cuando fallemos. Eso es lo que somos en CCA - imperfectos, pero tratamos de progresar. Alegrémonos juntos en nuestros esfuerzos por mejorar y estemos seguros de que tenemos un hogar, si es lo que queremos.
·         Bienvenido a CCA, Bienvenido a Casa!
(Autorización para usar esta literatura de OA por OA World service, Inc.)


Cómo lograr el equilibrio emocional


La salud mental positiva se manifiesta cuando existe un equilibrio entre nuestros deseos y realidades, vivimos armónicamente con nuestro entorno y con nuestras posibilidades psíquicas, físicas y económicas. Es decir, hemos aceptado que tenemos limitaciones (de salud, de integración social, etc.) y hemos logrado una adaptación sana a nuestra realidad. Esto no supone una acomodación a nuestras deficiencias, sino más bien un intentar crecer, pero desde la propia realidad de cada uno.

Este es el camino para llegar al equilibrio emocional y a la salud mental, que es una realidad dinámica, no estática, y, por esto, debemos cultivarla todos los días para no caer en el malestar o en la locura, propiamente dicha. La salud mental como objetivo no es un proceso lineal y ascendente sino más bien se representa por una línea quebrada, con sus más y sus menos, que convierte la biografía de cada uno de nosotros en una historia de avances y retrocesos, de estar sanos mentalmente y estar menos sanos, donde lo que cuenta es cómo vamos superándonos como personas, es decir, nuestros pequeños y grandes logros cotidianos.
Por esto podemos afirmar que la salud mental es un 'equilibrio inestable', que se puede perder y también recuperar. Por tanto, esta pérdida puede ser transitoria o definitiva, como ocurre con las grandes patologías psíquicas que se cronifican (esquizofrenia, depresiones psicóticas, etc.)

Una persona sana mentalmente, no es la que no tiene problemas, ni angustias, sino aquella que ha sabido mantener un equilibrio entre sus deseos y la realidad, entre sus proyectos y sus capacidades, entre sus necesidades y sus posibilidades, entre su dependencia y la relación con los demás. Sabremos, pues, si una persona tiene un alto nivel de salud mental por su estabilidad en su vida cotidiana y por su capacidad para afrontar los contratiempos diarios.
Mundo exterior, mundo interior
Podríamos decir que el mundo exterior está identificado por el "tener", y el mundo interior por el "ser". Lo primero, pues, está representado por el poseer la casa más grande, el coche más rápido, casarse con el hombre/la mujer más guapo/a, comprar ropa de marca, etc. Lo segundo se refiere a los sentimientos de paz, solidaridad, bondad, fortaleza, esperanza y también los sentimientos de ira, rabia, impulsividad rencor, etc., que es preciso encauzar para que el equilibrio no se rompa.

Desde esta perspectiva, el equilibrio emocional, y por tanto la felicidad, consiste en lograr armonía entre el mundo externo y el mundo interno. El desequilibrio produce alteraciones del ánimo y de la conducta que conduce a la infelicidad. Si la balanza se inclina hacia el mundo externo en exclusividad, el ser humano evolucionara hacia una persona insaciable e infeliz; si por el contrario, lo que predomina es el mundo interno negativo, el resultado también es la angustia y el sufrimiento.
Del "tener" al "ser"
En ¿Tener o ser? Erich Fromm plantea dos posibles posiciones del ser humano ante su meta por alcanzar la felicidad: la tendencia a poseer (casas, coches, dinero, etc.) o la tendencia desarrollar todas sus posibilidades (psicológicas, sociales, etc.). Ambas parecen excluyentes. Esta disyuntiva me ha cuestionado durante muchas etapas de mi vida: ¿soy feliz porque tengo más dinero, más poder, más sabiduría?, ¿es necesario no-tener para ser?, ¿se puede ser feliz “teniendo”?, ¿el “ser” es sinónimo de felicidad? Preguntas que no tienen una respuesta sencilla.

A veces, este dilema se repite en nuestra existencia. Y optamos por una u otra solución. Podemos contemplar la vida como una larga carrera por poseer: tenemos casas, coches, cultura, etc… hasta nos reservamos un lugar en el cementerio. Es como si esos títulos de propiedad nos hicieran más fuertes, más importantes, incluso más felices. Por el contrario, si nos preocupamos por desarrollar nuestras capacidades (solidaridad, respeto al otro, valoración de uno mismo y de los demás, la creencia en el otro, etc.), entonces somos gente rara, que no sintoniza con la cultura del siglo XXI.

K. Horney señala que los rasgos neuróticos de nuestro tiempo son: la dificultad de dar y recibir cariño, la falta de valoración de sí mismo y la agresividad. Son, por otra parte, las caras invertidas del “ser”. Para compensar esas deficiencias el hombre moderno tiene una salida: “poseer”. “Cuánto más tenga más me querrá la gente, más seguro me encontraré y no tendré que destruir al otro”. De esta forma el “tener” es un antídoto contra la infelicidad. Aunque luego la realidad es otra: la seguridad que provoca la posesión es ficticia, pues no se cimienta en uno mismo sino en circunstancias externas; cuando estas fallan, y pueden fallar, todo se viene a pique.

El adulto neurótico, respecto al tener, será aquel que desee poseer para neutralizar su impotencia (tapar su inseguridad o su frágil personalidad) o su baja autoestima. El axioma de nuestro tiempo podría formularse así: “es necesario tener más para ser admirado y envidiado, aunque no querido”. El consumismo podría tener estos orígenes.Lo sano estaría en la línea de saber “tener” para posibilitar el desarrollo de nuestras potencialidades. Así el deportista incrementa sus cualidades físicas, el intelectual crece en su capacidad de saber y el obrero se perfecciona en su profesión.

Podemos concluir que el afán normal de “tener” se vincula siempre al bienestar personal, familiar o a una idea científica o religiosa; en cambio, el afán neurótico de tener se cimienta sobre la propia inseguridad, el sentimiento de inferioridad o la angustia de la envidia.

Ante una rosa uno puede actuar de dos maneras: disfrutarla contemplándola (ser) o cortarla para poseerla (tener).

ALEJANDRO ROCAMORA BONILLA
Psiquiatra y catedrático de Psicopatología

martes, 20 de octubre de 2015

El niño emperador, ¿nace o se hace?


El síndrome del emperador es un trastorno de la conducta infantil que se manifiesta en forma de desafío, chantaje e incluso agresión a los padres, que han perdido toda autoridad para el menor. Este comportamiento abusivo del niño emperador se puede extender a otros adultos, que pueden formar parte o no de su propia familia.


Desde el punto de vista psíquico, la vida es un tejer y destejer de comportamientos sanos y enfermos. Pero en ese abanico de normalidad y de anormalidad existen muchos matices. Los dos extremos están claros: la locura y la salud mental. Generalmente ambas realidades no se dan nítidamente sino que están difuminadas en el amplio espectro de la conducta humana. ¿Dónde situar en este arco iris de alteraciones psíquicas a los niños con el síndrome del emperador? ¿Cuál es su origen? ¿Cómo evitar esa patología? ¿Cómo actuar con un niño emperador?



El niño desobediente y travieso

Juanito es un niño de seis años. Sus padres y profesores lo tienen catalogado como “muy inquieto”, con una gran dosis de irresponsabilidad, un poco mentiroso y desobediente, y con un rendimiento académico muy por debajo de sus posibilidades. Su actitud ante todo lo que le rodea es de ataque. “No me aceptan, luego los destruyo”, parece que pensara. Su postura ante los demás es de enfrentamiento, de desafío. Incluso llega a conductas de auténtico sadismo: hacer sufrir a los animales, golpear sin motivo a los compañeros más pequeños, etc. buscando siempre demostrar su dominio y poder. 

Algunos padres, en un intento por normalizar estos comportamientos, lo achacan a la edad o porque “son muy traviesos”. Pero existe la prueba del ‘algodón’ para saber si estos comportamientos son germen de una patología más grave (la psicopatía) o simplemente un momento de la evolución del niño: si no muestra signos de arrepentimiento ante la acción cometida y, por lo tanto, no es consciente del daño que ha podido hacer y además es frío y poco afectuoso, podemos sospechar que esos comportamientos pueden evolucionar hacia el “niño emperador”



Estas conductas pueden tener una doble lectura: la necesidad de autoafirmación o la expiación de una gran culpa inconsciente, a través del castigo que lleva anexo la propia acción agresiva. El niño necesita sentirse seguro y no encuentra otra salida que la agresión, la ruptura de las normas. Fantasea: “Cuanto más agreda, más fuerte seré”. Por otra parte, la misma conducta rebelde produce la imposición de castigos por el adulto, y de esta forma, el niño podrá expiar sus sentimientos de culpa inconsciente. El proceso es el siguiente:“Soy malo, luego tengo que lavar esa culpa a través de los castigos que me impongan los mayores”. Esto lleva a un círculo vicioso: ataca para autoafirmarse y expiar su culpa, y viceversa.



La forma de neutralizar la agresividad, como siempre, no es a través de comportamientos violentos, impositivos, sino a través del afecto. La oscuridad se vence con la luz. El odio se vence con el amor. La guerra se vence con la paz. Por esto, no podemos contestar con una conducta agresiva a la agresividad del niño. Estaríamos echando leña al fuego: la agresión se alimenta con la agresión.Lo que no es óbice para marcar las responsabilidades del niño e imponer un castigo adecuado a la falta que ha cometido



El niño emperador

El niño emperador no surge de forma espontánea o como por arte de magia sino que es como un peldaño más del niño desobediente o travieso que puede conducir, en la adolescencia, a la psicopatía o a ser un parásito en la adultez. La verdad es que este desarrollo no es lineal sino exponencial, pasando en poco tiempo de comportamientos medianamente controlados por los padres a situaciones desbordantes: huida de casa o conductas claramente delictivas. 



Las cifras son escalofriantes: en España desde 2007 las agresiones de menores a sus padres y abuelos han crecido cerca de un 60%, según datos de las memorias anuales de Fiscalía General del Estado y de los Defensores del Menor de las distintas comunidades autónomas.






Las demandas más frecuentes del niño emperador son: “dame”, “cómprame”, “tráeme”, y si no lo consiguen desatan toda su ira y agresividad (incluso física) contra sus progenitores, hermanos, profesores o compañeros.



Así relataba María su calvario con un hijo de 7 años: “Ya no puedo más, me siento impotente ante Carlos. Temo reñirle o simplemente decirle que está haciendo algo mal. El otro día, sin ir más lejos, porque no le dejé bajar al parque, porque tenía que hacer los deberes, comenzó a insultarme y me dio una patada que me hizo llorar. Además, con su hermana de cuatro años, siempre está peleando e incluso en ocasiones ha llegado a golpearla. Si le dejo que haga lo que quiera, no hay problema, pero en el momento que le exijo una disciplina responde con insultos o agresiones físicas”.



Carlos puede ser un ejemplo de niño emperador. Suelen ser inteligentes. No aguantan la más mínima frustración y a través de la agresividad verbal o física quieren imponer su ley. Son pequeños déspotas, que dan órdenes a los padres, intentan organizar la vida familiar y su comportamiento más frecuente es el chantaje.



A medida que van creciendo, también la posibilidad de manejo se va dificultando: de las pataletas pasan a la agresión física y del engaño o mentiras pasan a conductas claramente delictivas: robos, tráfico de drogas, etc. El niño emperador puede ser el camino inicial hacia una psicopatía con todas sus consecuencias: problemas con la justicia, conductas adictivas, etc., o bien a convertirse en un parásito, pues estos chicos suelen no tener ni oficio ni beneficio en su adultez.



Además, el niño emperador no tiene conciencia de lo que está mal o lo que está bien, pues carece de valores e incluso no manifiesta emociones de arrepentimiento, pena, perdón, solidaridad, etc. Es como si solamente existiera él y sus necesidades, pero sin tener en cuenta a los demás. El niño emperador no tiene capacidad de empatía.



Como contrapunto podemos encontrar que los padres son afectuosos, permisivos y defensores de una “falsa democracia” pues quieren ser amigos de sus hijos cuando en realidad son padres. La realidad es que una estructura familiar sana se sustenta sobre “la desigualdad”: los padres dictan las normas y los hijos deben cumplirlas. Esto sí amasadas por la comprensión, el diálogo, la negociación y el respeto mutuo. "Lo cortés no quita lo valiente". 



El panorama del niño emperador se completa con padres que no saben poner límites a las exigencias de los hijos, o con madres sobreprotectoras y padres ausentes y en familias disfuncionales (con graves patologías en sus progenitores) en los que el mecanismo que predomina es el de negación, como si de esta forma, al no percibir el problema, éste se solucionara por sí sólo.



La pregunta que nos hacíamos al principio de estas líneas sigue en pie: el niño emperador, ¿nace o se hace? ¿Es determinante la estructura familiar (luego se hacen) o la carga genética es la que condiciona estos comportamientos (luego nacen)?



Origen del niño emperador

Simplificando podemos afirmar que existen dos teorías principales: los que ponen el énfasis en la constitución genética y los que postulan como elemento decisivo, en la aparición del hijo emperador, la educación.



Vicente Garrido, psicólogo criminalista y profesor titular de la Universidad de Valencia, defiende la primera de las teorías: “Son niños -dice- que genéticamente tienen mayor dificultad para percibir las emociones morales”. En definitiva, el síndrome del emperador se caracteriza por la ausencia de conciencia moral. Por eso este tipo de niños puede aparecer en familias bien estructuradas con un comportamiento normal y con unos padres que no son permisivos ni tampoco negligentes.



Por el contrario, Javier Urra, psicólogo de la Fiscalía de Menores del Tribunal Superior de Justicia de Madrid, en su libro El pequeño dictador, pone el acento en la educación, afirmando que la herencia marca tendencia, pero lo decisivo en los comportamientos humanos es la educación, sobre todo, en los primeros años de vida.



Una tercera vía, en la que me sitúo, aporta un elemento más y considera que el niño es protagonista principal en la elaboración de su propia historia. Es decir, es cierto que en el interjuego de esas fuerzas (familia, escuela, amigos, constitución del individuo, etc.) es donde el sujeto, como canto rodado, va puliendo y configurando su propio estar y ser en el mundo. Pero esto no se hace de forma pasiva, solamente dejándose llevar, sino que cada persona aporta sus propios recursos, posibilidades y límites. Los trastornos comportamentales, pues, no se transmiten genéticamente como el color de los ojos, ni se contagian como el sarampión sino que, dependiendo de todas esas variables (constitución, educación, etc.), cada sujeto elabora las vivencias (afecto, rechazo, agresividad, etc.) de forma sana (salud mental) o de forma enferma (los trastornos comportamentales).



ALEJANDRO ROCAMORA BONILLA

Psiquiatra y catedrático de Psicopatología